¿Qué vino primero, la orden o el deseo?

Empezó el año. No es que no trabaje en enero o febrero, me pido como mucho dos semanas de vacaciones, pero el verano se me hace un tiempo denso, viscoso, un espacio entre las chicharras y la noche. Esta semana volvieron las responsabilidades y las actividades, lo que hago por elección o por mandato o porque no sé bien por qué. Volví a la facultad atrasada de antemano, no tuve tiempo de leer los textos asignados para el lunes ni los del martes, no pude ver los programas, confundí una clase presencial por virtual. Todo por un examen pendiente del trimestre anterior. El colapso de los partidos políticos, el bicoalicianismo argentino, nuevos actores que avanzan, livianos, sobre el estatus quo. Hoy me levanté decidida a terminarlo. Siempre pienso que puedo seguir escribiendo, pero en estas cosas trato de ser más pragmática. Lo aprendí de estudiar en grupo en Santa Fe. Soy de géminis, signo de aire, el compromiso me ahoga. No es decir que no me comprometa, tengo buenos hábitos y disciplina, me agobia reconocerme comprometida. Sentir que no voy a poder irme cuando quiera. La realidad es que la mayoría de las veces uno puede irse cuando quiere y yo me voy todas las veces que quiero o mejor dicho, ni siquiera me voy todas las veces que quiero, porque a veces me cuesta. Repasé la bibliografía citada, ajusté tipografía, interlineado y márgenes. Dediqué saludos cordiales y recibí un “OK! enviado desde mi Iphone”. Me pedí el día, así que apenas cerré la computadora salí para el gimnasio. Me crucé con Diego, que volvió de vacaciones, almorzando 4 huevos. Me llama la atención la cantidad de huevos que comen los hombres. Le recordé que me cambiara la rutina y me puse los auriculares. En el descanso de las 8 repeticiones por 5 series le escribí a Chiari. Le conté que desde temprano había estado pensando cómo armar el tetris de todo lo que me propuse hacer este año: que hay que trabajar y cursar las obligatorias y las optativas y hacer un taller de escritura semanal y uno de poesía quincenal y limpiar la casa con obsesión y llevar los mandados y salir y ver a las amigas y conocer gente nueva. Me respondió que me falta preocuparme por congelar óvulos. Olvidé los ejercicios porque el auto que iba manejando desbarrancó, se cayó al agua y empezó a llenarse de a poco, mi cabeza a tocar cada vez más de cerca el techo de gomaespuma gris. Me vuelvo. Ni el maple de huevos que tenía pendiente compré. Me bañé y me decidí: me bajo de la de los jueves. Listo. Decisión tomada. Me tomé un Migral y salí de nuevo para la facultad. Le hice señas al chofer del 29 pero tuvo ganas de cagarme y siguió de largo, me quedé esperando el 15 que llegó al rato. Llamé a mamá desde el colectivo para contarle. Ya habíamos hablado del tema el lunes, que me dijo que me lo tome con calma. Mamá siempre me dice que me tome las cosas con calma. Le cuento que dejé una de las materias y me felicita, me dice que soy muy perfeccionista, que me deje de joder, que quiere una hija que sepa disfrutar. También me dice que el texto que publiqué ayer en el blog tiene un error ortográfico, que “absorbente” se escribe con B y después con V, que en la ortografía ella es perfeccionista. Le respondo que había corregido la palabra, que tipié mal, y antes de cortar chequeo en Google. La RAE me da la razón, absorbente se escribe con dos B. Tengo años de terapia encima como para reconocer que me lo dice para molestarme, que en una charla sobre perfeccionismo y exigencia, este comentario no es casualidad. Le comento que me enteré de un hombre que falleció en Paraná. Me dice que había escuchado que tuvo un ACV, que papá lo recibió en la guardia. Hablamos de la muerte, de cómo hacer ejercicio y comer sano y descansar lo suficiente y estresarte lo menos posible no previenen que un aneurisma te deje del otro lado del espejo. La chica que está sentada al lado mío tiene los brazos llenos de tatuajes. La miro con detenimiento, la paso por el escáner de la caja autoservicio del Carrefour porque sé que no me mira, tiene puestos unos anteojos de sol que no son lo suficientemente polarizados como para ocultar sus ojos, llego a distinguir que miran por la ventana. Le veo uno que dice “tiempo vuela” en mayúsculas. Parece armado. Se lo miro varias veces para encontrar la preposición que me falta y no la encuentro. Tampoco hay una coma entre sujeto y verbo, ni dos puntos entre sujeto y verbo y signos de exclamación que los acorralen. 

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